La primera víctima.

        Situémonos en la época. Estamos en 1960. El mundo es un hervidero de conflictos por doquier. Están los problemas del Sureste Asiático, los problemas en Suramerica, en Centroamérica y los problemas internos de los EE.UU. con sus conflictos raciales en las calles. La época de la censura de McCarthy ha terminado practicamente pero su herencia, la Guerra Fría está más candente que nunca.

        Kennedy llega al poder con un horizonte por delante nada fácil de afrontar. Sin embargo, y para sorpresa de todos, Kennedy comienza a plantear soluciones nuevas a problemas viejos. Además tiene mano firme para tratar con su entorno, como demostró el hecho del cese del Director General de la CIA Allen Dulles y de su segundo el General Cabell tras el desastre de Bahía de Cochinos.

        Recordemos en este punto que fué Kennedy el que se negó a facilitar cobertura aérea a las tropas norteamericanas enviadas por la CIA cuando estas quedaron atrapadas entre el enemigo y el mar en Bahía de Cochinos. Una sóla orden suya habría cambiado el desenlace de aquellos hechos, puesto que la CIA, tan previsora como siempre, había previsto un portaaviones cerca de   la isla a la espera de la orden presidencial para atacar o cubrir a sus tropas en caso necesario.  

        No fueron pocos los enemigos que Kennedy se granjeó en Washington y Langley (sede central de la CIA) a raíz de esta decisión. Era público y notorio que el suceso no había caído nada bien en los círculos políticos, militares y de inteligencia del país, no tanto por la esperpéntica imagen causada a nivel internacional como por los pingües beneficios que más de uno esperaría obtener controlando de nuevo las empresas y negocios de La Havana (especialmente los casinos).

        Aún no se estarían calmando los truenos del incidente de Bahía de Cochinos cuando al joven presidente se le ocurre otra genial idea: vamos a abandonar el Sudeste Asiático. Si señores, como lo oyen. Y para empezar, en ese mismo año, vamos a retirar a los primeros 1000 hombres (soldados y asesores militares) de Vietnam para que estén en casa antes de Navidad. El objetivo es estar fuera de allí completamente en 1965. Esta es la esencia de la orden NSAM (National Security Act Memorandum) nº 263, la cual Kennedy firma el 2 de Octubre de 1963. Por supuesto, la industria armamentística se echó a temblar.

        Es un hecho que el día 21 de Noviembre se redacta la NSAM 273, que en esencia proponía un aumento de las operaciones encubiertas de inteligencia en Vietnam, pero también es un hecho que Kennedy nunca la firmó. De hecho, nunca llegó a verla, ya que el día 21 estaba fuera de Washington y el 22 fué asesinado. Aún así alguien en Washington ya sabía quien sí la firmaría: Lyndon B. Johnson.

        Johnson no era un político brillante. Más bien era un hombre gris de despacho. Era bien conocido en Washington por ser un hombre inclinado a la solución militar en la política exterior. Una vez llegó a declarar que el poder atómico "sería usado por EE.UU. para cristianizar el mundo o para pulverizarlo". Cuando era Senador se le conocía como "El Senador del Pentágono" y mientras era Vicepresidente todos los rumores de las altas esferas políticas iban en el sentido de que Johnson y Kennedy no pegaban ni con cola y que Kennedy quería deshacerse de él de cara a las siguientes elecciones. Johnson es sospechoso para muchos de los investigadores por tener muchos motivos para querer a Kennedy fuera del poder. Johnson es la respuesta a la clásica pregunta de las novelas de crímenes, cuando el detective pregunta "¿Quien tenía motivos para asesinar?". Tan sólo días después del asesinato, Lyndon B. Johnson firma la NSAM 273, complaciendo al Pentágono y a la CIA pero contraviniendo los deseos del hombre al que acababa de suceder. Al menos en mi tierra a los muertos se les guarda la cara durante un tiempo. Johnson no tuvo objeción ninguna en firma la NSAM 273, al igual que tampoco la tuvo en ir incrementando y favoreciendo la escalada militar en el Sudeste Asiático en los siguientes meses, lo que dió lugar a una de las guerras más largas, crueles e innecesarias de la historia. Es uno de los ejemplos de descaro político más grandes que uno puede encontrar en las enciclopedias.

        Otro incidente significativo y que dá bastantes pistas sobre lo necesaria que era una guerra para el gobierno americano sucedió el 2 de Agosto del 64, siete meses después del asesinato. Ese día, barcos norvietnamitas atacaron a barcos americanos en aguas del Golfo de Tonkín sin mediar provocación alguna. Esto era, lógicamente, un grave agravio contra EE.UU. equiparable al ataque a Pearl Harbour por los japoneses en la 2ª Guerra Mundial, así que el Congreso norteamericano no pudo negarse a la petición de Johnson de guerra abierta y descarada contra Vietnam del Norte. Esto puede parecer normal, salvo por el pequeño detalle de que, aun hoy, no se ha podido probar que este ataque alguna vez se produjera. Efectivamente, los barcos norvietnamitas debían ser invisibles, así como sus torpedos que curiosamente siempre erraban el blanco. Claro, el enemigo es muy listo y se cuida mucho de no dejar evidencias de sus ataques.

        Para cualquier persona con dos dedos de frente, estos incidentes eran claramente un montaje de la comunidad de inteligencia de EE.UU. para forzar al Congreso a aprobar la guerra. Además, esta siempre ha sido una táctica muy utilizada por el gobierno norteamericano, como cuando acusaron a los españoles de haber incendiado el Maine en Cuba en 1898. Aquella fué la excusa de los norteamericanos para entrar en la guerra contra España. Casi cien años después se ha reconocido esta sucia estratagema terrorista en el caso del Maine y se ha pedido disculpas al gobierno español. ¡A buenas horas...!

        Creo que Kennedy fue asesinado porque iba a paralizar la maquinaria de guerra norteamericana, porque había demasiados intereses en juego. Tal como dice Mr. X en la película de Stone, porque los asesinos, y no me refiero a los autores materiales de los disparos sino a los patrocinadores, tenían mucho que perder si Kennedy no moría. No olvidemos que la guerra es un gran negocio, y el negocio se iba a acabar con Kennedy en la Casa Blanca. Y encima parecía que iba a durar ya que era previsible que saliera re-elegido.

        Creo que a Kennedy habría que considerarlo como la primera víctima oficial de Vietnam.

A. Moreno

Nov-1998


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